Descansábamos en el sofá, estaba completamente relajada cuando escuché Su voz, con ese tono que me ponía los pelos de punta…
- Desnúdate completamente AHORA y ven a la terraza – dijo mientras bajaba las persianas y movía una silla.
Preparaba algo, ya habia visto una especie de argollas en el techo de esa terraza. Le ví con cuerdas y empecé a temblar. No era miedo, era una mezcla del mismo miedo, intriga y excitación.
Me ordenó con una mirada sentarme en la silla. Cogió mis manos y me las ató a las cuerdas que colgaban del techo. Agarró mis piernas y me acomodó llevando mi culo hasta el borde de la silla dejándome así, medio tumbada en la silla con las piernas completamente abiertas para El y mis manos atadas a las cuerdas.
- ¿Qué tienes ahí cielo? – preguntó mirando mi pecho izquierdo preocupado.
Al mirarme ví un moratón tremendo, negro que, aun que no dolía, asustaba solo al verlo. “Eso que uno de mis limites era nada de marcas”
Me sonrió, me besó dulcemente en la mejilla diciéndome “Lo siento peque”. Le sonreí y respiré hondo.
- Mi Señor, ¿Qué me vas a hacer? – Pregunté pícaramente con algo de miedo.
- Castigarte peque, te tragaste algo que no debías, ¿verdad? He de educarte y para ello, - dijo mientras traía Su fusta, ponía la música alta y encendía una de las velas – he de castigarte perrita.
Me dio un beso en la frente, un beso en la mejilla y miró mis manos. Se tornaban moradas de las cuerdas y me las liberó. Pensó un momento y puso mis manos en los reposabrazos de la silla y me ató fuertemente, sin dañarme. Se giró y encendió un cigarro con la vela. Se volvió de nuevo, mirando hacia mi muy seriamente y entonces comenzó mi castigo.
Probó Su fusta en Su mano, sonrió y me la acercó a la cara, despacio. Con ella colocó mi cabello, apartándolo de mi cara, dejándola libre y entonces me dio una bofetada. Mi cabeza se giró sin poderlo evitar.
- Abre los ojos puta, mira a tu Amo – dijo mientras giraba mi cabeza delicadamente hacia El con la fusta.
Volvió a retirar mi cabello de mi cara con ella y me escupió. Me picaba el ojo, me empezó a escocer, se lo dije y sonrió, me dio una calada de Su cigarro y un fustazo en el clítoris. Una lágrima resbalaba por mi rostro.
Entonces cogió la vela, no hacía mucha cera, así que me lanzó en mis pechos la poca que había, quemándome.
Volvió a coger la fusta y me dio varias veces en mi coñito, justo en la zona del clítoris, mientras yo me retorcía, gritaba y lloraba de dolor.
Se apiadó de mi y cogió el vicks. No se si todo el mundo conoce este inhalador hecho con mentol y eucalipto, pero da una sensación de frío y calor muy agradable e intensa, mas si se da donde se debe dar…. Mi Amo sabe donde hacerlo y me lo dio por el clítoris, por los labios, por el agujero de mi coñito y por el ano.
Sonrió, El sabía que me gustaba y con Sus hábiles dedos me masturbó un poquito mirándome disfrutar.
Poco duró el momento de satisfacción. Volvió a por la vela y me tiró, con fuerza, la cera en mis pechos. Vi de nuevo la fusta en Sus manos y mis piernas comenzaron a temblar. Me dio en los pechos, en la parte interna de los muslos y de nuevo en el clítoris.
La sensación era terrible, muy dolorosa y no podía mas que gritar mientras las lagrimas brotaban de mis ojos.
- Agua mi Señor, por favor, necesito agua – logré decir con la respiración entrecortada.
Me dio agua de beber y me regó un poco el cuerpo y agachó su cabeza entre mis piernas intentado relajar la zona mas dolorida con Su hábil lengua. Pero la sensación anterior, el dolor tan intenso y el escozor que la fusta con el Vicks me había producido, no desaparecía. Y mis piernas seguían temblando y yo no podía parar de llorar.
- Cielo, ¿Paramos? ¿Recuerdas la palabra? – me dijo mientras acariciaba mi pelo y besaba mi mejilla.
- Yo no pienso decirla mi Amo, no quiero defraudarte aun mas mi Señor – logré decir entre lágrimas y sollozos.
Agarró mi pelo, tirando bruscamente de el y mientras me daba fustazos suaves en el clítoris.
- Yo creo que es suficiente peque – me dijo al verme de nuevo sin poder evitar llorar incluso con la levedad de los fustazos que entonces me daba.
Me desató, me levantó y me abrazó mientras yo no dejaba de temblar. Limpio la cera de mi cuerpo y me acompañó al servicio. Me lavé la cara y me refresqué el cuerpo. Mientas, mi Amo me acompañaba en el baño, mirándome, sonriendo, satisfecho.
Gracias por educarme mi Señor
- Desnúdate completamente AHORA y ven a la terraza – dijo mientras bajaba las persianas y movía una silla.
Preparaba algo, ya habia visto una especie de argollas en el techo de esa terraza. Le ví con cuerdas y empecé a temblar. No era miedo, era una mezcla del mismo miedo, intriga y excitación.
Me ordenó con una mirada sentarme en la silla. Cogió mis manos y me las ató a las cuerdas que colgaban del techo. Agarró mis piernas y me acomodó llevando mi culo hasta el borde de la silla dejándome así, medio tumbada en la silla con las piernas completamente abiertas para El y mis manos atadas a las cuerdas.
- ¿Qué tienes ahí cielo? – preguntó mirando mi pecho izquierdo preocupado.
Al mirarme ví un moratón tremendo, negro que, aun que no dolía, asustaba solo al verlo. “Eso que uno de mis limites era nada de marcas”
Me sonrió, me besó dulcemente en la mejilla diciéndome “Lo siento peque”. Le sonreí y respiré hondo.
- Mi Señor, ¿Qué me vas a hacer? – Pregunté pícaramente con algo de miedo.
- Castigarte peque, te tragaste algo que no debías, ¿verdad? He de educarte y para ello, - dijo mientras traía Su fusta, ponía la música alta y encendía una de las velas – he de castigarte perrita.
Me dio un beso en la frente, un beso en la mejilla y miró mis manos. Se tornaban moradas de las cuerdas y me las liberó. Pensó un momento y puso mis manos en los reposabrazos de la silla y me ató fuertemente, sin dañarme. Se giró y encendió un cigarro con la vela. Se volvió de nuevo, mirando hacia mi muy seriamente y entonces comenzó mi castigo.
Probó Su fusta en Su mano, sonrió y me la acercó a la cara, despacio. Con ella colocó mi cabello, apartándolo de mi cara, dejándola libre y entonces me dio una bofetada. Mi cabeza se giró sin poderlo evitar.
- Abre los ojos puta, mira a tu Amo – dijo mientras giraba mi cabeza delicadamente hacia El con la fusta.
Volvió a retirar mi cabello de mi cara con ella y me escupió. Me picaba el ojo, me empezó a escocer, se lo dije y sonrió, me dio una calada de Su cigarro y un fustazo en el clítoris. Una lágrima resbalaba por mi rostro.
Entonces cogió la vela, no hacía mucha cera, así que me lanzó en mis pechos la poca que había, quemándome.
Volvió a coger la fusta y me dio varias veces en mi coñito, justo en la zona del clítoris, mientras yo me retorcía, gritaba y lloraba de dolor.
Se apiadó de mi y cogió el vicks. No se si todo el mundo conoce este inhalador hecho con mentol y eucalipto, pero da una sensación de frío y calor muy agradable e intensa, mas si se da donde se debe dar…. Mi Amo sabe donde hacerlo y me lo dio por el clítoris, por los labios, por el agujero de mi coñito y por el ano.
Sonrió, El sabía que me gustaba y con Sus hábiles dedos me masturbó un poquito mirándome disfrutar.
Poco duró el momento de satisfacción. Volvió a por la vela y me tiró, con fuerza, la cera en mis pechos. Vi de nuevo la fusta en Sus manos y mis piernas comenzaron a temblar. Me dio en los pechos, en la parte interna de los muslos y de nuevo en el clítoris.
La sensación era terrible, muy dolorosa y no podía mas que gritar mientras las lagrimas brotaban de mis ojos.
- Agua mi Señor, por favor, necesito agua – logré decir con la respiración entrecortada.
Me dio agua de beber y me regó un poco el cuerpo y agachó su cabeza entre mis piernas intentado relajar la zona mas dolorida con Su hábil lengua. Pero la sensación anterior, el dolor tan intenso y el escozor que la fusta con el Vicks me había producido, no desaparecía. Y mis piernas seguían temblando y yo no podía parar de llorar.
- Cielo, ¿Paramos? ¿Recuerdas la palabra? – me dijo mientras acariciaba mi pelo y besaba mi mejilla.
- Yo no pienso decirla mi Amo, no quiero defraudarte aun mas mi Señor – logré decir entre lágrimas y sollozos.
Agarró mi pelo, tirando bruscamente de el y mientras me daba fustazos suaves en el clítoris.
- Yo creo que es suficiente peque – me dijo al verme de nuevo sin poder evitar llorar incluso con la levedad de los fustazos que entonces me daba.
Me desató, me levantó y me abrazó mientras yo no dejaba de temblar. Limpio la cera de mi cuerpo y me acompañó al servicio. Me lavé la cara y me refresqué el cuerpo. Mientas, mi Amo me acompañaba en el baño, mirándome, sonriendo, satisfecho.
Gracias por educarme mi Señor
2 comentarios:
Muy bien mi perrita, no solo el orgullo me llena, si no las ganas de repetir y eneñarte mas aun.
Te gusto el vix?.... tengo un gel que te gustara mas aun....
Valla, valla vampi... con que fuistes mala eh?? Y que fue aquello que no debías de tragarte?? bueno... mejor dejarlo a la sucia mente del ser humano... No voy a criticar la forma de castigo de tu amo, pero yo lo hubiere hecho de otro modo... jejejeje. Bueno niña... miraré de vez en cuando tu blog, para ver que buenas nuevas escribes, de acuerdo. Besitos y un par de azotes cariñosos.
Potrilla Salvaje.
Publicar un comentario