Fue la primera vez que me presentaba en un local de este ambiente, y no es que estuviera nervioso, solo algo temeroso de posibles comentarios que procedieran de personas con más experiencia, y más tendencia a la crítica.
Subí las escaleras que conducían al ático, acompañado de mi pequeña vampy, y de dos buenos amigos S y l. Al abrir la puerta se percibió el cambio de ambiente, del blanco mármol de la escalinata al negro oscuro de las paredes de Dark Sabbath.
Entramos, acto seguido S nos enseño el local y dispuso su maleta de los horrores como la llamo yo, para empezar a divertirse con L.
Aun no me sentía muy integrado así que propuse a vampy tomar algo y observar un poco.
Así lo hicimos, charlamos con gente que sólo conocíamos de Internet, y por suerte resultaron tan buenos como en la red, nos sentimos bastante aceptados por todos, pese a que posiblemente éramos los mas jóvenes del local al completo.
Cuando mi copa estaba medio llena, mi perrita no hacia mas que mirar con envida a L que estaba probando cera con S, me entró la vena juguetona, me armé de valor (recordad que nunca antes había hecho esto delante de tanta gente), coloque a vampy apoyada en un banco lateral junto a la pared, como las niñas malas, y empecé a azotarla con la mano, uno tras otro los azotes y los gemidos se mezclaban en la sala del potro.
Cada vez más rápido cada vez más rojo, el vicio del dolor consentido era música para mis oídos y miel para mi paladar.
Después de calentar coloque a vampy con L y le pedí prestada la vela a S.
Vampy me miraba con una cara entre ansiedad y miedo. Una cara que pone muy a menudo en nuestras sesiones y que personalmente me parece entrañable.
La primera gota hizo aparición, desde una buena altura para empezar, pero el grito no se hizo esperar. La segunda gota tampoco lo hizo, y le siguieron más y más. Por los pechos y su ingle la cera negra describía sus trazos.
Comprobé el coño de mi perra, siempre me gusta saber como esta lo que me pertenece, y encontré lo esperado. Un húmedo y carnoso coñito pedía más como siempre.
Pero un buen amo debe parar a tiempo, al menos a tiempo cuando él quiera, así que paré, y propuse que las chicas se relajaran y mientras charlar un poco más.
Ya sabéis como son estas cosas estamos hablando y haciendo bromas en el cuarto con cama, y al momento estas colocando a tu perra en la misma, como por arte de magia se diría ;).
Mi mano comenzó a golpear de nuevo en el trasero de vampy. Pero tenía un as en la manga.
Saque mi pala, casera también, una pala con salientes tornillos atravesados, acolchados por las puntas y encintados por la parte plana lo justo para que se note.
La levante, la deje caer y muchas caras se giraron. El estruendo fue increíble, algo con lo que no contaba puesto que aun no la había utilizado en público, y no calculé cuánto sonaba estando solo con vampy.
Se oyó un comentario ¡Que contundente!
Me reí bastante, incluso se acercaron varias personas a ver la pala, con mi consiguiente orgullo claro.
Pero seguí dando, paladas y paladas, palmadas y palmadas, fustazos y fustazos.
Fue cerca de media hora y a esas alturas vampy había alcanzado lo que algunas sumísas llaman “Subspace”. Según dicen ellas mismas, es un estado en el que el dolor y el placer van de la mano y se pierde la noción de la realidad prácticamente.
Diez minutos mas administrando “cariño” al trasero de vampy, y los gritos de placer se oían casi por todo el local (cuando grita, grita). Pero hubiera sido demasiado seguir y decidí parar. Ella podría haber seguido. Lo se. Pero un Amo que se precie debe saber cuándo parar él, y cuando debe hacerlo por ella.
Le dije a vampy que me acompañara a la barra. Cuando llegamos pedí un hielo, y con mi mano, empecé a pasarle el cubito por el trasero para relajarlo después de tanto buen trato. No hay mejor recompensa que el cuidado de un Amo.