He vuelto a estar a Sus pies. He vuelto a sentirme llena. He vuelto a sonreír. 50 horas de dulces lágrimas, miradas cómplices y sensaciones indescriptibles que solo Él me produce.
Llegué el viernes, a las 5 de la tarde. Ahí estaba, como siempre, esperándome en la estación. Me acerqué despacio, hablaba por teléfono. Colgó y me abracé a El. Dos mese habían pasado desde le última vez que había podido abrazarle. Me besó y fuimos hacia la “nueva” casa a dejar mi equipaje.
Habíamos quedado con un amigo Suyo para hacer un par de recados y tomar algo. Mientras esperábamos la llegada de Su amigo sosegó mis ansias de Él. Me permitió sentirle, degustarle, saborearle. Hacía casi dos meses que la polla de mi Amo no rozaba mis labios, que mi lengua no jugaba con ella, que mi garganta no se abría para darle paso a base de dulces arcadas. “Ponte tus juguetes perra. Te quiero ver bien llena”. Me ayudó a ello y salimos a la espera del amigo.
Éste no tardó en llegar, hicimos el recado y me permitió quitarme los juguetes (un vibrador y un plug anal que apenas me permitían caminar). Pasamos un rato realmente agradable de risas, cervezas e historias. Me gusta verle en todas las facetas de Su vida, conocerle mejor me acerca aun mas a mi Amo. Se juntaron otro par de amigos y hacia las 9 nos despedimos de ellos.
Llegamos a casa y nos metimos en la ducha. Él me duchó a mí y yo tuve el placer de recorrer cada milímetro de Su cuerpo enjabonándolo con la dedicación, el esmero y la gratitud que solamente una sumisa puede sentir al hacerlo. Mientras venía la comida que habíamos encargado pude volver a saborearle. Esta vez, consiguiendo mi premio, tan caliente, tan sabroso, tan ansiado por mí: la leche de mi Señor.
Cenamos tranquilamente y nos intentamos relajar un rato, pero yo no podía dejar de desearle, ansiaba saborearle pero no era ese Su plan.
“Ponte encima de mi, métete mi polla y empieza a moverte, pero no te corras”. Mientras yo cabalgaba sobre mi Amo, el retorcía mis pezones, azotaba mis pechos y escupía en mi cara. ¿Cómo podía evitar correrme? Lo intenté con todas mis fuerzas pero me fue imposible. Sentirle dentro de mi, ver su lasciva mirada, notar sus manos golpeándome y el calor de su saliva goteando por mi rostro… Fue inevitable.
¿Te has corrido ZORRA? ¿Yo que te he dicho? Anda límpialo y hazlo bien.
Saboreé mis jugos mezclados con su aroma y sabor particular. Gocé de ello mientras aun vibraba mi coño por mi orgasmo prohibido. Y de regalo no merecido, pude volver a saborear el néctar de mi Señor.
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